“Moncloa desaconseja la intervención”. Así de sencillo y Así de tremendo. Esta ha sido la ‘sugerencia’ que ha llegado hasta la Universidad de Cádiz desde máximas instancias gubernativos y, como suele ser frecuente en este país en el instante el poder político entra en escena, el rector gaditano ha obedecido presto.

Uno de los pilares básicos de nuestro sistema judicial es que todo el planeta, hasta el criminal más abyecto, tiene derecho a un letrado. La activa que garantiza que en cualquier juicio siempre y en todo momento y en toda circunstancia y en toda circunstancia Habrá una figura que acuse y otra que defienda, sean cuales sean las circunstancias concretas, constituye uno de los cimientos del orden constitucional. Agustín Martínez, el letrado de la infausta ‘Manada’, no hacía nada malo en su papel de letrado defensor. Al contrario, Debido a su presencia a lo largo de todo el proceso, ahora sabemos –tenemos la certeza– de que A lo largo del juicio y posterior condena se ha cumplido con el máximo de garantías procesales. Pongámonos en la ocación contrario, ¿Qué hubiese acontecido si el Sr. Martínez, o bien cualquier otro letrado, no hubiese estado allá? La sentencia, fuera cual fuera, carecería de valor.

de ahí que mismo, no se entiende la criminalización que Moncloa quiere efectuar acerca de su figura, impidiéndole acudir a un poder legislativo universitario al que debía previsto asistir desde hace un mes. Y todo, puesto que exactamente las mismas jornadas su presencia iba a convenir con José Guirao, actual ministro de Cultura en funciones. Desde el punto de vista lógico no se entiende un planteamiento Así, y menos aún que el Gobierno se atreva a censurar la presencia de una persona en un acto de la sociedad civil. El colmo ha sido Puesto que la universidad, un espacio donde se supone que ha de reinar el rigor intelectual y la libertad de criterio, se pliegue servilmente a sus dictados. Mucho debe progresar aún la sociedad española para emanciparse de la mentalidad cortijera que instintivamente nos acobarda ante al señorito de turno. Rascamos un tanto y emerge el viejo régimen.

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